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MEDIO CAMINO RECORRIDO

Además de construir nuevos conocimientos y aportar a la comunidad intelectual de nuestro país a partir de la investigación, vale decir que uno disfruta el hacer este trabajo y te llena de satisfacción. ¿Qué nos ha llevado a decir esto? Te contaremos aquellos acontecimientos que se presentaron durante el proceso de la investigación y aquellos aspectos que nos hacen disfrutar de la misma.

Los pasos para el acceso a los sujetos de investigación han sufrido cambios. Seleccionar UV y manzanos aleatoriamente para tocar puerta a puerta, fue la estrategia que establecimos a un inicio. Sin embargo, obtuvimos resultados infructuosos en un distrito tradicional: el Distrito 4, el primero en ser visitado. Luego de muchos intentos sin éxito, notamos la indiferencia y la desconfianza. Para minimizar este factor, se decidió reorganizar la estrategia y optamos por apelar a nuestros contactos. Dado el riesgo de la obtención de datos sesgados, se incluyeron sujetos aleatoriamente, quienes fueron abordados en centros educativos. Aunque fue muy difícil, se logró concretar entrevistas; pero faltaba cubrir una categoría de sujetos. Uno de los miembros del equipo propuso, partiendo de su experiencia, que tocar puerta a puerta era más factible en distritos periféricos. En efecto, tuvimos una respuesta favorable en el Distrito 12. Los datos levantados en los distintos distritos, dieron lugar a incluir a una nueva categoría para enriquecer los datos, ellos fueron los ciberactivistas. Esta experiencia demuestra que los procesos metodológicos sufren cambios en su camino. En nuestro caso, fueron la flexibilización de los pasos y la inclusión de nuevas categorías.

En el caso de la sistematización de las entrevistas a los jóvenes serán presentados en formato de Collage de charlas, el cual sería desarrollado por el antropólogo alemán Steffen Strohmenger. Consiste en crear conversaciones ficticias sobre temas en base a las entrevistas individuales realizadas a diferentes personas. En tales conversaciones se verán intercambiando palabras a los jóvenes, ciberactivistas, especialistas, informantes claves, teóricos e investigadores.

Antes de abordar a los sujetos de investigación, dimos una vuelta por cinco movimientos ciudadanos que surgieron a partir de una indignación, como estudios de casos, que vieron la luz primero en las redes sociales virtuales, para luego ir a las calles. Tales casos serán presentados en formato de “crónica periodística”, pues a partir del mismo se quiere contar las realidades de cada caso.

En el collage elaborado por Dario Jaramillo acerca de la crónica latinoamericana encontramos que Villoro la describe como un ornitorrinco: Si Alfonso Reyes juzgó que el ensayo era el centauro de los géneros, la crónica reclama un símbolo más complejo: el ornitorrinco de la prosa. De la novela extrae la condición subjetiva, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes y crear una ilusión de vida para situar al lector en el centro de los hechos; del reportaje, los datos inmodificables; del cuento, el sentido dramático en espacio corto y la sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un final que lo justifica; de la entrevista, los diálogos; y del teatro moderno, la forma de montarlos; Usado en exceso, cualquiera de esos recursos resulta letal. (Jaramillo, 2012:15).

He aquí una pequeña dosis letal de lo que se encontrarán:

  • EnREDados por la manzana
  • 300: timo y el origen de la resistencia
  • Chester y el cosmos animalista
  • El Tipnis en REDsistencia
  • El complot del Ejército Jigote

Redes de indignación y esperanza: de las TICs a las TEPs

Desarrollado regularmente para mejorar estrategias militares, el desarrollo científico ha traído consigo repercusiones trascendentales, aunque en un primer momento para la industria, alcanzan hoy todos los espacios de la cotidianeidad. Diversos nombres han surgido para denominar el momento actual, de la mano de diversas explicaciones o teorías desde las ciencias sociales: Era de la Información, Aldea Global, Sociedad (Global) de la Información, Sociedad de la Comunicación, Sociedad del Conocimiento, Sociedad Red (Torrico, 2003).

Sin embargo, es posible indicar algunos consensos al respecto: a) a partir de los 90’s empieza una profunda transformación política, tecnológica, económica, social, cultural en la sociedad; b) las TICs, la información y el conocimiento toman protagonismo; c) un espíritu optimista por un futuro más democrático. Sin embargo, al mismo tiempo hay una preocupación por la valoración crítica del <<poder democratizante >> de las tecnologías, con miras la construcción de un horizonte colectivo o uno de individuos tecnológicamente conectados (Torrico, 2003). Preocupaciones que también se palpan en nuestro contexto, principalmente ante las faltas estructurales para acceder a un internet de calidad; ante el analfabetismo digital; y ante los propósitos de su uso especialmente en jóvenes, lo que está replanteando las reglas en las relaciones familiares, sociales, educativas y laborales.

Si bien esta preocupación se alimenta de difundidos hechos lamentables, es coherente también con el proceso de transformación de las tecnologías intelectuales. Para ilustrar, es posible remontarse a Grecia, hacia el 750 a. C., cuando se pasa de una cultura oral a una literaria gracias a la creación del primer alfabeto fonético completo. Aunque la tecnología del libro ya se venía gestando desde los papiros egipcios, será luego de la caída del Imperio Romano, que la lectura en silencio y en privado deviene una necesidad (Carr, 2010).

Es posible comparar dos puntos cruciales con nuestro caso. Por un lado, era un problema el hecho de que sólo una élite podía acceder a los libros y a la alfabetización. Ambas situaciones se solucionan casi completamente con la creación de la imprenta, que permite la producción de libros y la alfabetización de forma masiva. Situación similar a lo que hoy sucede con el acceso a soportes electrónicos y a la alfabetización digital, aunque ambas aún sin soluciones concretas de alto impacto en el contexto nacional o regional.

Por otro lado, la presencia del temor: en ese entonces se temía que la lectura como actividad esencialmente individual actúe en desmedro de los lazos sociales. Otro temor era que “se implantaría el olvido en el alma”, ya que cuando las personas quisieran recordar algo, en vez de “buscar adentro de sí”, “buscarían afuera en marcas exteriores”. Aunque al enterrar el mundo oral se enterró también una “profundidad emocional e intuitiva que hoy no podemos ni apreciar”, es indiscutible que el desarrollo actual alcanzado por las ciencias no habría sido posible en estas dimensiones de no ser por el libro. Hoy también se sostiene que la mediación tecnológica, específicamente los hipertextos, causan superficialidad de las capacidades cognitivas (Carr, 2010).

Por su parte, Dolors Reig sostiene que las tecnologías, al retomar las imágenes y los sonidos, permiten una comprensión más profunda de los contenidos, ya que estimulan la actividad cerebral en el lóbulo derecho; razón por la que debieran tener un papel central en los espacios educativos. Eso significaría el paso de las TICs a las TACs, las Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento. En este sentido, Carr sostiene que las tecnologías que reestructuran el lenguaje, ejercen mayor influencia sobre nuestra vida intelectual. Además, indica que cada tecnología intelectual porta una ética intelectual, que es “el mensaje que transmite una herramienta o medio a las mentes y culturas de sus usuarios”, explicando lo que McLuhan expresó cuando dijo que “el medio es el mensaje”.

Aunque McLuhan es un determinista tecnológico radical, al traducir sus palabras al caso de que las redes sociales digitales sean el medio, para Reig el mensaje sería que se tiene el poder para modificar el ejercicio de la ciudadanía. Pues bajo la óptica de que el poder no está en la tecnología, sino en el ser humano, da un paso más allá de las TACs, y propone las TEPs: las Tecnologías del Empoderamiento y la Participación. Es decir, el uso de las tecnologías para conducir transformaciones sociales.

Dicho potencial se incubaría gracias al uso de las redes sociales digitales que da lugar al hábito de opinar, a un espíritu crítico, y a la constante participación horizontal; lo que llevaría a exigir democracias más participativas. Puesto que se trata de “un nosotros más amplio porque somos más grandes en la sociedad web, y no toleramos que nos traten como fuimos en otro momento”. Por lo que las redes sociales digitales “son fuentes donde los gobiernos, como community managers, deben buscar las demandas de la población. Son las nuevas plazas públicas” (Reig, 2011). En concordancia, Castells dice que internet “podría transformarse en un instrumento de control, información, participación e incluso de toma de decisiones de abajo arriba".

Actualmente en Bolivia, las redes sociales digitales, temidas y mal aprovechadas por los partidos políticos (Arce, 2013), agendan temas públicos y dan lugar al debate oficial (Quiroz, 2013); aunque tienen un peso inicial en el debate político, canalizan rebeldías y malestares (Cortez, 2013). Ante la coyuntura de los últimos años, claros ejemplos –aunque con matices y objetivos a plazos distintos–, son los grupos AMIGOS DEL TIPNIS, DEFENDAMOS LA "MANZANA 1" COMO ESPACIO CULTURAL, Se van los 300, Me voy Yo, TIGO nos estafa, Más y Mejor Internet Para Bolivia, Revolución Jigote, y el más reciente Justicia por la masacre en Terracor III.

De acuerdo a la teorización de Castells (2012), estos grupos se constituyen en redes de indignación válidas en tanto “son desencadenados por una chispa de indignación relacionado con un acontecimiento concreto o bien porque ha llegado al límite de la repugnancia ante el comportamiento de los gobernantes” (2012:215). Así mismo, algunos de estos grupos han logrado mantener la horizontalidad organizando comisiones para el activismo en calle y para la formalización de sus demandas ante las autoridades públicas, lo que los constituye en redes de esperanza, ya que “se convierten en movimiento al ocupar el espacio urbano y deliberar en el espacio de autonomía” (2012:212).

Movimientos sociales coherentes con la explosividad de la dinámica social boliviana, que devienen notables al ser digitales a pesar de la baja penetración del servicio de internet en Bolivia, consecuencia de tener el internet más caro y más lento del mundo. En este contexto, y con la mirada puesta en la urbe cruceña, Generación WiFi investiga para aportar con boyas en el paso de las TICs a las TEPs en nuestra sociedad, que con la puesta en marcha del satélite boliviano Tupac Katari, enfatizará lo inédito del caso boliviano.

Bolivia virtual: alcances y baches sobre el caso Santa Cruz

A partir del ’52 Santa Cruz pasa de ser un mero comando cuida-frontera (Pinto, 2010) al motor económico de la nación, debido esencialmente a la diversificación de su mercado y producción. En este proceso, es otro hito la construcción de la carretera Santa Cruz – Cochabamba, que finalmente uniría el país. Sucesos que, junto a la relocalización de los mineros en el ’85, dan lugar a los fenómenos migratorios que vendrán a ensanchar el área urbana cruceña y complejizarán el entramado social. A decir de Waldmann (2008), se trata de un paso “repentino y masivo” de un orden feudal y estratificado, a un orden capitalista, democrático e igualitario.

Mientras Santa Cruz era conectada al resto del país -y recibía las actualizaciones globales luego de logísticas propias-, el ejército estadounidense acababa de conectar sus bases en red, logro que da inicio a la historia del internet. Con la imponencia de la globalización, los esfuerzos bolivianos para contar con esta tecnología empiezan en 1998, logrando establecer la Red Boliviana de Comunicación de Datos BolNet en 1989 y enviar el primer e-mail desde La Paz en 1990. El internet llegará a Santa Cruz en 1995 mediante el cableado telefónico, y su fuerza transformadora marcará un periodo desafiante entre 2002 y 2004: cuando en el contexto boliviano se aprecian los primeros tintes propios de la configuración de una sociedad global de la información (Miranda, 2012). Caracterización –que bajo las lógicas de una sociedad de consumo- encuentra cabida en tanto se masifica la presencia de tecnologías que hacen posible el almacenamiento, procesamiento y transmisión de la información (Torrico, 2003 en Gutiérrez, 2012).

Tecnologías que traen consigo el replanteamiento de valores que se vive hoy en la aldea global, o el barrio residencial, según los autores. Sin embargo, históricamente esta reconfiguración toma inicio especialmente luego de la Edad Media, ya que a la luz del humanismo se vive un imperante afán de separación de lo divino, el mundo se vuelve cada vez menos eterno y asume una imagen humana: titilante y llena de sorpresas (Bauman, 1999). Así mismo, luego del horror del Holocausto, el mundo vira su mirada hacia formas más libres, pacíficas y entretenidas de vivir. La producción masiva desarrollada durante la guerra busca compradores, y los habitantes de la aldea global buscan distracción. Así, la publicidad toma el escenario vendiendo no productos, sino estilos de vida mediante marcas, o bien, logos (Klein, 1999). Lo que viene a fortalecer la -ya pronosticada- subordinación de la palabra a la imagen (Steiner en Vargas Llosa, 2012), y configura la nueva forma de ‘ser’ en función del ‘tener’ (Galeano, 2006). Es decir que la adquisición obsesiva da lugar al reemplazo del ‘vivir’ por el ‘representar’, como parte de la filosofía del consumismo imperante. De tal manera que los gadgets devienen una necesidad -entre la diversidad de oferta- y llegan a ser extensiones del cuerpo, o sea del ser (Vargas Llosa, 2012). Influencias de las que Santa Cruz, claro está, no queda fuera.

De hecho, a pesar del salto “repentino y masivo”, ante los valores de la sociedad global de la información y la sociedad de consumo, el tejido social cruceño no desplaza sus valores, sino más bien logra hacer que coexistan un código cultural moderno y uno estamental (Waldman, 2006). Se puede indicar entre ellos los principios como la autodeterminación, la democratización de la cultura, la solidaridad, la pertenencia local. Mientras que, por otro lado, amalgama bastante bien con los que comparte con La Civilización del espectáculo, descrita por Vargas Llosa (2012), entre los cuales estarían el gusto por el ocio, la poca receptividad de la actividad intelectual, la relevancia otorgada a la imagen, el placer hallado en la farándula y el escándalo. Lo que hoy queda claro con el éxito de dichos contenidos en los medios de comunicación masivos como periódicos, revistas y programas de televisión.

De tal forma que ante este torbellino de tecnologización, los valores en Santa Cruz –como en el resto del mundo- están siendo constantemente replanteados e interpelados. En un momento fueron las Tecnologías de la Información y la Comunicación TICs las que nos conectaron con la modernidad. Luego, de manera notable en nuestro contexto desde el 2002, el internet posibilitó que mediante múltiples plataformas se transmitan múltiples verdades a múltiples ciudadanos/as simultáneamente (Torrico, 2003 en Gutiérrez, 2012). Con la incursión de las las NTICs, las plataformas 3.0 que dieron lugar al boom de las redes sociales virtuales a nivel nacional y regional, los usuarios están conectados casi ininterrumpidamente: compartiendo sus vidas, sus preferencias, sus causas en redes sociales, y construyendo interactivamente su sociedad. Enfatizando vertiginosamente la transformación del comportamiento social, que a su vez va reconfigurando la dimensión social de nuestro contexto; y nos enfrenta a nuevos desafíos y oportunidades (Faerman, 2009)

Dicha reconfiguración que las redes sociales han hecho en la sociedad está validada por la comunidad científica que está interesada comprenderlas, demostrado con la hiperproducción de investigaciones latinoamericanas en Chile, Argentina, Colombia, México, España, entre otros.; relacionándolas con fenómenos tan variados que van desde lo académico, pasando por lo patológico, lo laboral, lo familiar, hasta incluso la maternidad. Entre la producción llama la atención el libro de Nicholas Carr, titulado What the internet is doing to our brains? [Qué le está haciendo la internet a nuestros cerebros?], producto del exilio de la vida virtual de este editor estadounidense de libros, quien notó que hacía demasiado esfuerzo al leer los borradores de libros, porque “las palabras no se movían, no habían colores, no habían links para videos, ni sonidos de fondo”. De hecho, no se trata del único autor que pone énfasis en la transformación de la producción de textos dadas las TICs, fuertemente criticada por Vargas Llosa (2012), quien hace referencia a sucesos como la sustitución del símbolo ante la palabra, los contenidos con propósitos de diversión más que de reflexión y las fallas ortográficas dada en parte la manía de abreviación. De hecho, el uso de las redes sociales virtuales polariza a la comunidad intelectual, ya que así como lo anteriormente nombrados, se encuentran estudios que por su parte constatan su uso para fines educativos o de convocatoria social, como es el caso de Renó y Gonçálves (2012) que demuestran el uso de YouTube como herramienta usada por grupos marginales para fortalecer la ciudadanía.

Con posiciones más neutras, los intelectuales bolivianos también han trabajado al respecto. Entre los investigadores sobresale Erik Torrico, presidente del Observatorio Nacional de Medios ONADEM, que escribe sobre la sociedad informacional vista desde Bolivia (2003). Con respecto a los estudios de campo, se encuentra el realizado por World Internet Project (2005), encuestó personas entre 15 y 50 años sobre sus modalidades de acceso a Internet, los usos que hacen de ella para sus actividades de educación o relaciones amistosas y laborales así como para el intercambio económico.

Por su parte, Orlando Arratia y Otros (2006) se ocuparon de conocer los propósitos y los usos de internet en colegiales (15 a 19 años) y estudiantes universitarios trabajadores (20 a 24 años) de tres barrios populares de la ciudad de Cochabamba. Por otro lado, la empresa consultora CIES Internacional (2010) encuestó en 2009 a 515 personas de las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz respecto de sus posibilidades y hábitos de acceso a Internet, los servicios que usan de ella y su vinculación a redes sociales (Torrico, 2011). Erick Torrico, como parte ahora de la Universidad Simón Bolívar, realiza también en 2011, un estudio que apunta a la oferta comercial de las TICs y los usos de los adolescentes y jóvenes en las ciudades de La Paz y Santa Cruz. Torrico también ha participado como director de ONADEM, junto con la Fundación UNIR Bolivia, en dos estudios: uno sobre la recepción de los medios de comunicación, y otro sobre el nivel de conocimiento del Derecho a la Información y Comunicación (UNIR y ONADAEM, 2011 y 2012). Los estudios nombrados tuvieron objetivos muy similares, entre los que priman las descripciones de lugar de acceso, frecuencia, tiempo de uso y propósitos de la conexión a internet. Con respecto a las redes sociales nombran las más populares, entre las que se encuentra Facebook, Twitter y YouTube.

En base a sus resultados, hoy sabemos que 9.45% de los hogares tienen conexión a la Red, dato que también lo confirma el INE (2012) y la ATT & Broad Commision (Rivero, 2013), por lo que deviene coherente el dato de que la mayoría se conecta desde lugares públicos (CIES, 2009). La sociología del internauta boliviano viene a ser entonces una persona entre los 16 y 35 años, de clase media, de zona urbana, también lo confirma Ortuño (2012). Todos coinciden en indicar que hay problemas de acceso e infraestructura para acceder al internet, y a las redes sociales por defecto. Aunque, la mayoría prefiere la radio y la televisión (ONDADEM y UNIR, 2012), y tenemos el internet más caro y lento del mundo (ATT en Chambi, 2013), sólo Facebook registra más de dos millones de cuentas creadas desde Bolivia (CheckFacebook en Rivero, 2013). Sin embargo, los casos nombrados apuntan a indagar únicamente de manera cuantitativa para finalizar con porcentajes y hacer comparaciones de las características de acceso, frecuencia, tiempo y propósito de uso de internet.

Se separa de este grupo el trabajo de grado realizado en 2010 por Elías Gutiérrez, comunicador moreniano, que indaga sobre la recepción de Facebook, usando metodologías cualitativas y cuantitativas para comprender el ‘Faceboom’ (Faerman, 2009). Encontró la evasión, la inclusión y la independencia como motivaciones para su uso; y con respecto a cómo la red social es manejada, encontró que lo hacen siguiendo la mayoría, y que frente a algunas aplicaciones negocian, analizan y rechazan. Pero que para la población estudiada, Facebook representa un medio de evasión en el que comparten su vida su vida sin sentir la coerción de alguna autoridad. Este estudio, empero, fue realizado en estudiantes de la Facultad de Humanidades y de la Facultad de Ciencias Exactas y de la Tecnologías de la UAGRM. Por lo que la población no indicaría representatividad cruceña, y fue previo a la masificación de los denominados aparatos inteligentes, sobre todo los celulares.

Otro estudio que profundizó más, en el comportamiento virtual de la comunidad boliviana en las redes sociales, es el de Quiroz y Arias (2012), bajo el título de Internet, partidos políticos y ciberactivismo en Bolivia. Que si bien se centra en la participación política, como un fenómeno específico, deja registro de las siguientes conclusiones. Primero que la coyuntura política se debate en las redes sociales, y que de hecho hay más actividad políticas gestada en ellas por los ciudadanos que por las organizaciones formales. Coincide, por otro lado, en que el participante es un ciudadano de clase media, dado que la situación socioeconómica condiciona el acceso. Sin embargo, se confirma la apertura del espacio con características del marco de la democracia, y de hecho, la formación de un nuevo ciudadano con compromiso social, quien filtra información y se forma constantemente a través de medios digitales, y que aportan con su participación en ellos; aunque reconocen que falta correspondencia bidireccional entre el activismo del sillón y el activismo de calle. En tercer lugar, se confirman eventos de ciberactivismo con impacto en las decisiones públicas, habiendo usado Facebook, Twitter, YouTube, Scribd, Avaaz, Change, foros y acciones off line.

Entre tales logros se encuentran: el apoyo de la ciudadanía a la Marcha por el Tipnis; la campaña Más y Mejor Internet para Bolivia; el debate y lobby para la Ley de Telecomunicaciones. Entre otras movilizaciones, posteriores al trabajo nombrado, se encuentra “Se van los 300, me voy yo”, en respuesta a la modificación de la oferta de internet de la telefónica Tigo; la Defensa de la Manzana Uno como espacio cultural; y la Revolución Jigote, gestionada desde el CEDURE, consiguiendo incluso ‘viralizar’ al país. Siendo las últimas dos a nivel regional. Cabe también nombrar la movilización en las redes sociales suscitada por el caso Álvaro, joven universitario cuyo asesinato movilizó a la ciudadanía a una marcha en contra de la violencia. Finalmente, hacen un recuento de que, pese a que la actividad virtual aumenta en épocas de campaña y sólo repiten información que sale en los medios masivos; se valora la incursión de líderes nacionales y distintos espacios de la sociedad. Tales serían los casos de caso de García Linera, Centa Rek, Betty Tejada Sorucco, Samuel Doria Medina, Carlos Valverde, el programa No Mentirás, entre otros. También es posible indicar la creciente suscripción de organizaciones e instituciones públicas y privadas, como universidades y fundaciones; y empresas de economías secundarias y terciarias, como las alimenticias, las financieras, entre otras, que mantienen interacción virtual con sus clientes.

Por lo tanto, indudablemente el uso que hacen los jóvenes de las redes sociales reconfigura las formas de interacción social cruceña. Este desafío, emper, nos encuentra desprovistos de recursos y líneas de políticas públicas acorde al contexto regional y nacional. En este sentido, nuestra revisión bibliográfica nos permite indicar la ausencia de recolección de datos holísticos del comportamiento social virtual de la juventud en Santa Cruz; como también vacíos de aproximaciones y análisis, de tipos antropológicos, psicológicos, sociológicos sostenidos por datos empíricos que permitan dar cuenta de la dimensión y características de este fenómeno.

Hay que divisar que frente a la ya convulsionada y en llamas sociedad boliviana (Sivak, 2008), se introduciría la variable de <> en 2015, con el acceso a internet desde todo el territorio nacional gracias al satélite Tupac Katari, como figura en la agenda nacional. Misma que ha puesto en agenda el tema, pero que ha llegado hasta donde las investigaciones han llegado: a tomar lineamientos con respecto al acceso a internet, como es el caso del Derecho a la Información y Comunicación y la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública. Esto demuestra que hoy las condiciones apremian, ya que este ámbito del conocimiento deviene urgente pues las políticas públicas requieren ensancharse y avanzar a la par de la culturización y apropiación de TICs y NTICs en este caso, y sobre todo las redes sociales virtuales en vida de los jóvenes. Tal que se posible entonces construir una sociedad cruceña más justa, que posibilite la pertinente satisfacción de necesidades humanas fundamentales de sus habitantes.